Seis años después: gracias por aquel reconocimiento

En 2020, este blog recibió una distinción como uno de los mejores blogs sobre trastorno bipolar. No fue un premio con alfombra roja, ni con discurso emocionado, ni con fotógrafo esperando a la salida. Fue algo mucho más sencillo: un reconocimiento público a un trabajo hecho con constancia, con experiencia propia y con la intención de ayudar a otras personas a entender un poco mejor el trastorno bipolar.

Han pasado seis años desde entonces. Se dice pronto.

Aquel reconocimiento llegó junto al de otros compañeros que también escribían, divulgaban, acompañaban o trataban de abrir camino en un terreno difícil: el de hablar de salud mental sin sensacionalismo, sin vergüenza y sin reducirlo todo a frases bonitas. Cada uno desde su lugar, cada uno con su estilo, pero todos empujando en una dirección parecida: hacer más visible lo que durante tanto tiempo había permanecido escondido, mal explicado o directamente silenciado.

No creo que un premio convierta un blog en mejor de lo que es. Tampoco creo que una distinción garantice nada para siempre. Pero sí creo que hay reconocimientos que sirven para detenerse un momento y mirar hacia atrás. Para decir: algo de sentido tenía lo que estábamos haciendo. Algo llegó a alguien. Algo mereció la pena.

En mi caso, este blog nació antes de ese reconocimiento y ha seguido después de él. No empezó para ganar nada, desde luego. Empezó por una necesidad mucho más primaria: ordenar una experiencia, poner palabras a una enfermedad compleja y compartir lo aprendido después de años de convivencia con el trastorno bipolar. Con sus errores, con sus recaídas, con sus aciertos, con sus dudas y con esa mezcla tan poco épica de paciencia, cansancio y terquedad que suele hacer falta para seguir adelante.

Hablar de bipolaridad en primera persona tiene sus riesgos. Uno se expone. Puede equivocarse. Puede ser malinterpretado. Puede decir hoy algo que mañana matizaría. Pero también tiene una fuerza que no siempre tienen los textos puramente técnicos: la fuerza de quien no habla desde fuera. La fuerza de quien sabe que detrás de cada concepto hay una vida, una familia, una pareja, una crisis, una medicación, una noche sin dormir o una mañana en la que levantarse ya es bastante.

Eso es lo que este blog ha intentado hacer durante todos estos años: no sustituir a los médicos, no dar recetas mágicas, no vender salvaciones rápidas, sino acompañar con información, experiencia y sentido común. A veces con entradas más prácticas. Otras, con reflexiones personales. Algunas, seguramente, con más vehemencia de la necesaria. Pero siempre con una idea de fondo: el trastorno bipolar se puede entender mejor, se puede vivir mejor y se puede explicar mejor.

Seis años después de aquel reconocimiento, el blog sigue aquí. Y eso, en Internet, casi empieza a ser una forma de resistencia. Muchas páginas nacen con entusiasmo y desaparecen en silencio. Muchos proyectos se abandonan porque la vida cambia, porque falta tiempo, porque falta ánimo o porque uno se cansa de hablar hacia un espacio que no siempre responde. Permanecer no es poca cosa.

Por eso me apetece recuperar hoy aquella distinción. No como medalla que se enseña a la entrada, sino como pequeño recordatorio de un camino recorrido. Como una forma de agradecer a quienes han leído, comentado, compartido o simplemente pasado por aquí en busca de una respuesta. Y también como una forma de reconocer el trabajo de quienes, desde otros blogs y otros espacios, han contribuido a que el trastorno bipolar sea menos desconocido, menos caricaturizado y menos solitario.

Porque esa es, al final, la razón de esta presencia: estar ahí. Seguir estando. Ofrecer una voz más entre muchas, pero una voz honesta. Una voz que no pretende tener la última palabra, pero sí aportar algo útil a quien llega con miedo, con dudas, con un diagnóstico reciente, con una pareja desorientada, con un familiar en crisis o con la simple necesidad de leer a alguien que no hable del trastorno bipolar como si fuera una rareza ajena.

Aquel reconocimiento de 2020 fue una alegría. Hoy, seis años después, es también una excusa para dar las gracias y para recordar que este blog continúa por la misma razón por la que empezó: porque hablar con claridad de la bipolaridad sigue haciendo falta.

Y mientras siga haciendo falta, seguiremos por aquí.

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