Yo soy bipolar

Carlos Yáñez Muñoz

Tener trastorno bipolar y seguir siendo una persona normal

Creo firmemente que los bipolares somos, en el mejor de los sentidos, personas como las demás, es decir, (casi) normales —y digo «casi» porque el que se considere normal que tire la primera piedra—. Y no es que quiera creerlo —que, lógicamente, quiero— sino que los hechos me hacen pensar que realmente lo somos.

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Carlos Yáñez Muñoz

Yo soy bipolar: bienvenido al club

Dejemos las cosas claras: por si alguien todavía lo duda, sufrir un trastorno bipolar es una mierda frita. Cualquiera que lo padezca lo sabe. Y es que maldita la gracia que tiene estar bien, de repente hacer locuras un tiempo y terminar deprimido durante una temporada más larga aún. Tiene mandanga la cosa.

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Carlos Yáñez Muñoz

Salir del armario bipolar

Hoy es un día guay para mí. En realidad es un viernes cualquiera y yo, que además odio madrugar porque soy un noctámbulo empedernido, lo he empezado con una visita a mi locódromo a hacerme un análisis de sangre a primera hora de la mañana para lo de siempre, ya sabes, a ver cómo andan mis niveles de litio y qué perrerías están haciendo los medicamentos en mi cuerpo. Pero me da igual, he decidido montarme la celebración hoy, que además empieza el finde y este disfrute no me lo quita nadie.

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Carlos Yáñez Muñoz

Ayúdate cuando estás bien: diseña tu tarjeta verde

Hoy quiero compartir contigo un pequeño truquito que ojalá no tengas que utilizar nunca, pero que quizá te pueda resultar útil. Bueno, sobre todo, más que útil para ti, pienso que lo es en primer término para las personas que te rodean y te quieren y que en esos momentos de fiebre maníaca en los que no nos encomendamos a nadie, puede servir para que de alguna manera hagas un poquito más de caso a las personas que desean ayudarte.

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Carlos Yáñez Muñoz

Yo soy tripolar, no bipolar

No lo digo por liar más el tema de la bipolaridad ni por rizar el rizo por diversión, sino todo lo contrario. Pero lo cierto es que es así, que somos tripolares.

La explicación es muy sencilla: ninguno de los que sufrimos esta enfermedad estamos constantemente en una fase maníaca o fase depresiva, por muy activos que seamos y por mucho amor (es un decir) que le tengamos al trastorno. Lo más habitual es que los afectados pasemos una parte muy importante de nuestras vidas ajenos al TAB y a sus putaditas, ajenos, en fin, a la maldita bipolaridad. La mayor parte del tiempo somos normales.

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