Yo soy bipolar: bienvenido al club

Dejemos las cosas claras: vivir con trastorno bipolar no es ninguna fiesta.

Cualquiera que lo padezca lo sabe. Tiene poca gracia estar relativamente bien, entrar de pronto en una fase de aceleración, hacer o decir cosas que después cuesta reconocer como propias y acabar, muchas veces, en una depresión más larga todavía.

No es una rareza simpática. No es tener mucho carácter. No es cambiar de humor porque sí. Es una enfermedad mental seria, crónica y, en muchos casos, muy discapacitante.

Una enfermedad que interrumpe la vida

El trastorno bipolar puede robar tiempo, energía, trabajo, relaciones, dinero, confianza y proyectos.

A veces se pierden meses. A veces años. A veces una crisis deja la vida tan desordenada que uno tarda mucho en volver a reconocerse.

En mi caso, las fases maníacas han tenido además dos efectos especialmente dolorosos. El primero es la dificultad para anticiparlas a tiempo. El segundo, la pérdida parcial de memoria de lo ocurrido durante esos episodios.

Después quedan retazos. Imágenes sueltas. Frases que otros te cuentan. Recuerdos vergonzantes. Huecos. Y la sensación extraña de tener que reconstruir una parte de tu propia historia con piezas que no encajan del todo.

En fin, una maravilla. Dicho con la alegría que merece el asunto.

Si acabas de llegar al diagnóstico

Si eres nuevo en esto de la bipolaridad, tampoco quiero asustarte más de la cuenta.

El diagnóstico puede caer como una losa, pero también puede ser el principio de una explicación. De pronto algunas cosas empiezan a tener sentido: ciertas depresiones, ciertas subidas, ciertas decisiones, ciertos periodos de insomnio, ciertas rupturas, ciertos desórdenes.

No es una buena noticia tener trastorno bipolar. Pero puede ser una buena noticia saber qué te pasa.

Porque lo que se conoce se puede tratar mejor. Lo que se nombra se puede vigilar. Lo que se entiende se puede empezar a manejar.

No todo está perdido

El trastorno bipolar no se cura en el sentido clásico de la palabra, pero muchas personas consiguen estabilidad y una vida bastante mejor de lo que imaginaban al principio.

Se puede mejorar. Se puede aprender. Se puede reducir el número de recaídas. Se puede reconocer antes una subida. Se puede salir de una depresión. Se puede reconstruir una vida después de una crisis.

No siempre es rápido. No siempre es limpio. No siempre se sale sin pérdidas. Pero se puede avanzar.

Y eso, cuando uno está recién diagnosticado o hundido después de un episodio, conviene escucharlo despacio: tu vida no queda reducida al diagnóstico.

Bienvenido al club

Así que, si tienes trastorno bipolar, bienvenido al club.

Un club al que nadie pidió entrar, desde luego. Un club con demasiadas cuotas emocionales, reuniones imprevistas y una administración bastante deficiente. Pero también un club en el que no estás solo.

Somos muchos. Más de los que parece. Personas con historias distintas, tratamientos distintos, fases distintas y formas distintas de convivir con la enfermedad.

Algunos están al principio. Otros llevan décadas. Algunos lo tienen bastante controlado. Otros están atravesando ahora mismo una etapa difícil. Pero todos sabemos, de una manera u otra, que esto no va solo de ánimo: va de vida.

Aceptar no significa rendirse

Cada persona recibe el diagnóstico como puede.

Algunos lo viven con cierta aceptación: «por algo será que me está pasando esto». Otros lo viven como una injusticia pura: «por qué a mí», «menuda faena», «esto no me puede estar pasando».

Las dos reacciones son humanas.

Aceptar la enfermedad no significa estar contento con ella. Significa dejar de gastar toda la energía en negar lo evidente y empezar a usar esa energía para cuidarse mejor.

Tomar la medicación si está pautada. Dormir. Ir a las revisiones. Evitar sustancias. Pedir ayuda. Aprender señales de alarma. Hablar con quienes puedan acompañarnos. No jugar a ser invulnerables.

Eso no es rendirse. Eso es ponerse de parte de uno mismo.

Una última cosa

Si estás leyendo esto en un momento malo, quiero decirte algo sencillo: no tienes que resolver toda tu vida hoy.

A veces basta con dar el siguiente paso. Pedir cita. Llamar a alguien. Tomar la medicación. Dormir. Comer algo. Salir a caminar diez minutos. Decir la verdad: «no estoy bien».

Y si estás en una situación de riesgo, si tienes ideas de hacerte daño o sientes que no puedes mantenerte a salvo, busca ayuda urgente. En España puedes llamar al 112 en una emergencia, y también al 024 si hay ideación o riesgo suicida.

Este blog nace de una frase muy simple: yo soy bipolar.

No como una condena. No como una bandera heroica. No como una etiqueta que lo explique todo.

Como una forma de decir: esto existe, esto duele, esto se puede hablar, y quienes lo vivimos no tenemos por qué hacerlo en silencio.

Bienvenido.

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6 respuestas

  1. Es terriblemente agotador tratar de estar en eutimia,,, además llevo tantos años con el diagnóstico que he perdido muchísimo tiempo en mi vida.
    Tenía tantas cosas que quería hacer y cada vez que estoy avanzando, me pasa algo…. Me deprimo y me cuesta muchísimo retomar,, en resumen,,, avanzó un paso y retrocedo dos.
    Es terrible saber que sería buena en lo que me gusta,,, pero nunca lo he podido lograr,,, que frustrante…

    1. Hola, Marcela.
      No se trata de que nos pongamos a lloriquear, pero lo cierto es que prácticamente nadie ajeno a nosotros sabe lo que significa de verdad lo que tú dices. Lo has expresado perfectamente: cuidar del bipolar que «llevamos dentro» y «tenerlo a raya» para que no se desmadre y nos joda la vida es un esfuerzo verdaderamente agotador. Sobre todo, porque además nunca tienes la garantía de que ese esfuerzo se vea recompensado en absoluto, muchas veces más bien al contrario.
      Yo personalmente en cada brote he ido perdiendo cosas, siempre las mismas: pareja, amigos, trabajo. Y nunca he conseguido nada más que salir adelante de nuevo, lo que ocurre es que ahora considero que esa es precisamente mi gran victoria, aunque al principio lo haga un poco más pobre, un poco más triste y un poco más jodido (pero luego se pasa, siempre se pasa).
      Quizás después de lo que te acabo de decir te preguntes por qué tengo un blog sobre trastorno bipolar o que quién soy yo para aconsejar a nadie con ese «curriculum». Bueno, en realidad, no pretendo dar lecciones a nadie, solo ideas o apoyo a aquellos que me los piden y en los temas en los que creo que puedo hacerlo, porque lo que yo intento hacer de verdad es compartir: decirte que soy como tú, que paso lo mismo que tú y que, al contrario de lo que piensa algún compañero, creo que esta mierda no se cura y que lo mejor que podemos hacer es aprender a convivir con ella. ¿Y qué significa convivir? Pues nada más y nada menos que seguir en esa lucha diaria de la que tú hablas, aunque te parezca que retrocedas dos pasos por cada uno que das (pero eso no es verdad, es solo una sensación, lo sabes). Porque si eres buena en lo que te gusta lo acabarás demostrando, eso te lo puedo asegurar. Y si algo te puedo decir como «consejo» es que no te pares nunca (entenderás que sé muy bien lo que significa esto y que no te lo digo por decir), que confíes en ti (recuerda que tienes un trastorno bipolar, no «eres» una bipolar) y, por último, aunque quizás te suene raro, te sugeriría que te relajaras, que no te agobies con el tiempo, porque aunque no te lo parezca tendrás suficiente si verdaderamente no pierdes tu propósito (y eso te ayudará a ser constante).
      Ojalá volvamos a hablar dentro de algún tiempo y me cuentes cosas buenas:)
      Un abrazo.

      Carlos.

  2. Hola Carlos. Sí, yo también soy bipolar. Me lo diagnosticaron hace unos 6 años, aunque claramente lo tenía desde hacía 30 años atrás. En su día un psicólogo o psiquiatra, no recuerdo, me dijo que era maníaco depresiva. Pero eran otros tiempos y cuando mi madre se enteró que había huido al médico por depresión me tilmó de loca y esposa. Que se le va a hacer.
    Personalmente no he perdido amigos por el camino, aunque estuvo a punto de que rompiera mi matrimonio.
    Ahora estoy medicada con el «querido» litio. Y así andamos. Con el he perdido algo necesario para mí vida, y es la creatividad. Cuesta diseñar cuando la apatía se adueña de ti o cuando el camino de creación de alargar días. Pero es lo que hay.
    Hecho de menos el subidón de adrenalina pero no la depresión profunda que roza la muerte.
    Ahora todo es, en general, llano. Y cuando noto esos cambios que surgen a veces, sin sentido y sin avisar, comienza un duro trabajo interno para que nadie sea afectado. Control, control…
    Es lo que hay. ¿Si me gustaría ser «normal»? No, la verdad. No sepas yo. Gracias a mi bipolaridad he vivido y reído como nadie. Lo de la muerte? Episodios que cualquier mortal «normal» puede pasar. Nadie se salva. Hay muchos ciclotímicos sin diagnosticar que rozan la bipolaridad.
    El estado mental de cada uno debe de ser aceptado primero por uno. No es un grano que se pueda eliminar pero tal vez sea un privilegio que debemos saber disfrutar.

  3. Hola, Cristina.
    Lo de «loca y esposa», como me has aclarado en tu otro comentario, ya suponía que era un error tipográfico. Me parecía un poco difícil utilizar la palabra «esposa» como elemento descalificador 🙂
    En cuanto al resto de tu mensaje, ¿qué quieres que te diga?, cada uno vive la bipolaridad a su manera… porque todos somos distintos, como tú bien sugieres.
    Sin embargo, a riesgo de que te me enfades (que espero que no) quiero decirte que creo que hay una cosa en la que te equivocas y es en echarle la culpa al litio de tu (presunta) falta de creatividad. Si se tratara de neurolépticos o antidepresivos, por ejemplo, no te diría yo que no fueran responsables, pero puedo asegurarte que al litio le gusta más atacar la función renal que la creatividad. Por eso, en caso de creas que estás sufriendo este problema (que habría que comprobarlo, porque no deja de ser un juicio que haces tú misma y, por tanto, absolutamente subjetivo), te aseguro que las culpables no son esas pastillitas blancas que tan solo sirven para equilibrar tu ánimo. Se me ocurre que puede ser que quizá la dosis no sea correcta, pero en todo caso, como sabes, el litio es un medicamento para regular el ánimo, no la «actividad cerebral», por decirlo de una manera sencilla. Por eso te recomiendo que analices el tema desde otras perspectivas, quizá psicológicas, porque de lo contrario, como decimos por aquí, probablemente le estarás echando la culpa al empedrado, créeme.
    Un fuerte abrazo, compañera.

    Carlos.

  4. Tengo una hermana bipolar y no entiendo por qué siempre en sus crisis maniacas se indispone con nuestra madre, incluso conmigo…

    1. Hola, Olga.
      No te extrañes de eso, porque la irritabilidad es uno de los síntomas más significativos de la manía y, probablemente, el más significativo. Lo que le ocurre a tu hermana es de lo más normal (dentro de la anormalidad), del mismo modo que es normal que esta irritabilidad remita cuando el paciente sale de la crisis. Esta es una de las causas de que los bipolares en fase maníaca sen tan difíciles de manejar, puesto que es usual que en esos momentos no escuchen a nadie, no atiendan a razones y se resistan a toda influencia externa. Así es la enfermedad, Olga, y este es uno de los elementos más difíciles con los que los familiares deben lidiar. Empatía y paciencia son los únicos paliativos.
      Ánimo y un saludo.

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