Ayúdate cuando estás bien: diseña tu tarjeta verde

Hoy quiero compartir contigo una herramienta sencilla que ojalá no tengas que utilizar nunca, pero que puede resultar muy útil si tienes trastorno bipolar.

Yo la llamo la tarjeta verde. No porque tenga ningún valor médico especial, sino porque la mía era verde. A veces los grandes inventos empiezan con una cartulina y un poco de miedo razonable.

La idea es simple: preparar, cuando estás bien, una tarjeta o documento breve con instrucciones para que tus personas cercanas sepan cómo ayudarte si empiezas a descompensarte.

Por qué hay que hacerla cuando estás bien

La tarjeta verde solo tiene sentido si se prepara en un momento de estabilidad.

En una fase maníaca, probablemente no te parecerá necesaria. Es más: quizá te parezca una tontería, una exageración o una muestra de que los demás no entienden tu brillantez del momento.

En una depresión profunda, en cambio, puede que no tengas fuerzas ni para pensar qué necesitas.

Por eso hay que hacerla antes. Cuando tienes perspectiva. Cuando puedes reconocer tus señales de alarma. Cuando todavía eres capaz de decir: “si me pasa esto, por favor, ayudadme así”.

Para qué sirve

La tarjeta verde sirve para dar permiso por adelantado.

Permiso para que alguien cercano te avise si estás durmiendo poco, si estás acelerado, si empiezas a gastar demasiado, si te aíslas, si dejas la medicación, si empiezas a tener ideas extrañas o si apareces hundido durante varios días.

No es una orden médica ni un contrato legal. Es una ayuda práctica.

Y también es una forma de decir a quienes te quieren: “sé que cuando estoy mal puedo no dejarme ayudar; por eso os lo estoy pidiendo ahora, mientras estoy bien”.

Qué puede incluir tu tarjeta verde

Cada persona debe adaptar la tarjeta a su caso, pero puede incluir cosas como estas:

  • mis principales señales de alarma;
  • qué cosas suelen empeorarme;
  • qué personas pueden avisarme o intervenir;
  • qué frases o actitudes me ayudan;
  • qué frases o actitudes me irritan o me hacen cerrarme;
  • cuándo conviene contactar con mi psiquiatra;
  • qué medicación tomo habitualmente;
  • a quién llamar si la situación se agrava;
  • qué hacer si dejo de dormir;
  • qué hacer si aparecen ideas de muerte o riesgo para mí.

Conviene que sea breve. Si parece el reglamento de una comunidad de vecinos, nadie la usará en una crisis.

Un ejemplo de tarjeta verde

Podría empezar así:

Esta tarjeta la he escrito estando bien.

Si me ves claramente acelerado, sin dormir, gastando de forma impulsiva, con ideas extrañas, muy irritable, muy deprimido o hablando de hacerme daño, te pido que no mires hacia otro lado.

Puede que en ese momento me enfade o diga que no pasa nada. Aun así, por favor, ayúdame a contactar con mi psiquiatra o con una persona de confianza.

No necesito que me discutas todo. Necesito que me ayudes a volver a una zona segura.

Después puedes añadir nombres, teléfonos y medidas concretas.

No sustituye al tratamiento

La tarjeta verde no sustituye a la medicación, al psiquiatra, a la terapia ni a un plan de crisis profesional.

Pero puede ser un complemento muy útil.

En el trastorno bipolar, muchas crisis no aparecen de golpe. A veces se anuncian: menos sueño, más energía, más irritabilidad, más planes, más gastos, más aislamiento, más desesperanza. Si alguien cercano puede detectar esas señales y actuar antes, quizá el episodio no llegue tan lejos.

A quién dársela

No hace falta repartirla a todo el mundo.

Dásela solo a personas de confianza: familiares, pareja, amigos muy cercanos o alguien que de verdad pueda ayudarte sin juzgarte ni asustarse más de la cuenta.

También conviene hablarla con ellos. No basta con entregar la tarjeta como quien deja un folleto en un buzón. Hay que explicar qué significa, cuándo usarla y qué esperas de ellos.

Confiar antes para poder confiar después

La tarjeta verde tiene algo de humilde.

Supone reconocer que quizá un día no veremos con claridad. Que quizá necesitaremos que alguien nos ayude a hacer caso a señales que nosotros estaremos negando. Que quizá, cuando llegue la subida o la caída, no estaremos en el mejor momento para tomar decisiones.

Pero esa humildad no nos hace más débiles.

Al contrario: preparar ayuda cuando estamos bien es una forma inteligente de protegernos cuando podamos estar mal.

Una pequeña prevención

No sé si mi tarjeta verde funcionará siempre. Ojalá no tenga que comprobarlo muchas veces.

Pero me parece una buena idea por una razón sencilla: cuando estamos estables podemos dejar instrucciones para nuestro yo desestabilizado.

Y a veces eso puede marcar una diferencia.

Quizá no evite todas las crisis. Quizá no impida un brote. Quizá no cure una depresión. Pero si sirve para pedir ayuda antes, para que alguien llame a tiempo o para que una recaída sea menos destructiva, ya habrá merecido la pena.

Así que, si crees que puede ayudarte, diseña tu propia tarjeta verde.

Hazla breve. Hazla clara. Hazla tuya.

Y entrégasela a quien de verdad pueda cuidarte cuando tú no estés en condiciones de cuidarte del todo.

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