Si este blog tiene un propósito principal, quizá sea este: compartir y combatir la soledad que muchas veces acompaña al trastorno bipolar.
Puede sonar tópico, lo sé. Pero no por eso deja de ser verdad.
Una de las cosas que más siente —y menos dice— una persona con trastorno bipolar es su soledad. Estamos solos en la euforia, palabra tan mal entendida. Estamos solos en la depresión. Estamos solos incluso cuando tenemos gente alrededor, porque a veces nadie parece estar exactamente donde nosotros estamos.
Y esa soledad puede ser atroz.
La enfermedad de las recriminaciones
A veces pienso que el trastorno bipolar podría llamarse también la enfermedad de las recriminaciones.
En fase maníaca o hipomaníaca escuchamos cosas como:
- “No hagas eso”.
- “¿Dónde vas ahora?”.
- “Cállate un poco”.
- “Acuéstate”.
- “Estás insoportable”.
Y en plena depresión tampoco nos libramos:
- “Levántate de la cama”.
- “Sal a la calle”.
- “Anímate”.
- “Haz algo”.
- “Pon de tu parte”.
Muchas veces esas frases nacen de la preocupación, no de la crueldad. Pero cuando uno está dentro del episodio, no siempre las recibe como ayuda. A veces las recibe como reproche. Como prueba de que nadie entiende nada.
Cuando la vida nos viene grande
Durante un episodio, la vida puede venirnos muy grande.
Explicarnos resulta difícil. Ordenar lo que sentimos, también. Nuestro dolor nos supera y el control sobre nuestra mente está, como mínimo, limitado.
En la manía, podemos sentir que los demás no nos comprenden en absoluto. O que solo nos comprenden unas pocas personas escogidas. Mientras tanto, a ojos de quienes nos quieren, nuestra razón parece estar de vacaciones. A veces incluso tienen la sensación de que somos otra persona.
Y quizá lo somos un poco. No en sentido literal, claro. Pero sí en la medida en que el episodio puede deformar nuestra manera de pensar, sentir, hablar y actuar.
La soledad de la manía
La manía engaña mucho desde fuera.
Puede parecer alegría, seguridad, energía, entusiasmo, creatividad o valentía. Pero por dentro no siempre se vive así. A veces hay aceleración, irritabilidad, agitación, insomnio, descontrol, pensamiento disparado y una sensación de estar siendo arrastrado por una fuerza que no se puede frenar.
El problema es que muchas veces nosotros mismos no lo vemos.
Nos sentimos lúcidos cuando estamos acelerados. Nos sentimos especiales cuando estamos perdiendo perspectiva. Nos sentimos incomprendidos cuando alguien intenta ponernos un límite. Y cuanto más nos advierten, más nos defendemos.
Por eso la manía puede ser tan solitaria. No porque falte gente alrededor, sino porque se rompe el puente entre nuestra percepción y la percepción de los demás.
La soledad de la depresión
En la depresión, la soledad cambia de forma.
Desaparece esa aparente energía social de la manía. Ya no hay verborrea, planes imposibles ni entusiasmo desbordado. Lo que aparece es silencio. Peso. Cansancio. Culpa. Desesperanza.
Una gran bola negra nos envuelve y sentimos que no vamos a poder librarnos nunca de ella.
Desde fuera, la depresión puede parecer pasividad. Desde dentro, es mucho más que eso. Es una fuerza que aplasta. Una especie de niebla espesa que impide pensar, decidir, desear, moverse o confiar en que algo vaya a cambiar.
Y entonces llegan las frases bienintencionadas: “sal”, “muévete”, “haz deporte”, “queda con alguien”.
A veces ayudan. Muchas otras, no. Porque cuando uno está en el fondo, incluso las cosas sencillas parecen montañas.
La incomprensión nos aísla
En los momentos en que la enfermedad se hace más evidente, muchas personas con trastorno bipolar vivimos en un estado profundo de incomprensión.
Esa incomprensión suele traducirse en aislamiento e incomunicación. Nos encerramos, no contestamos, nos irritamos, nos defendemos, desaparecemos o hacemos como si no pasara nada.
Y ahí está una de las paradojas más crueles del trastorno: cuando más ayuda necesitamos, más difícil puede resultar ayudarnos.
No siempre sabemos pedir ayuda. No siempre la aceptamos. A veces incluso la rechazamos con una energía admirable y absurda. Pero eso no significa que no la necesitemos.
A quienes quieren ayudar
A las personas que quieren ayudar a alguien con trastorno bipolar les diría una cosa: empezad por preguntar cómo se siente.
No solo qué ha hecho. No solo si se ha tomado la medicación. No solo si ha dormido. Todo eso importa, por supuesto. Pero también importa saber cómo está viviendo la persona lo que le ocurre.
En fase maníaca, quizá muestre una cara alegre o una actitud eufórica, pero puede haber señales de que algo no va bien: duerme poco, habla demasiado, se irrita, gasta, se acelera, hace planes desmedidos o se siente invulnerable.
En fase depresiva, probablemente no tenga dificultad en reconocer que se encuentra mal. Otra cosa es que tenga fuerzas para explicarlo o para hacer algo con ese dolor.
Ayudar no siempre consiste en dar consejos. A veces consiste en estar, escuchar, observar, acompañar y saber cuándo hace falta pedir ayuda profesional.
La manía exige límites
También hay que decir algo incómodo: una persona en fase maníaca puede necesitar supervisión.
La palabra suena fea, pero la realidad es esa. Cuando la percepción de la realidad está alterada, cuando hay impulsividad, desinhibición o falta de sueño, estar solo durante mucho tiempo puede ser peligroso para la propia persona.
No porque vaya necesariamente a hacer daño a nadie. Esa idea hay que manejarla con mucho cuidado, porque alimenta un estigma injusto. La mayoría de las personas con trastorno bipolar no son peligrosas para los demás.
Pero sí puede haber riesgo para uno mismo: gastos descontrolados, decisiones absurdas, peleas innecesarias, conductas sexuales de riesgo, abandono del tratamiento, consumo de sustancias, accidentes, conflictos laborales o familiares y una lista de “tonterías” que después pueden no tener ninguna gracia.
Por eso los límites, cuando hay manía, no son una forma de fastidiar. Son una forma de protección.
La depresión también tiene riesgos
La depresión es el polo opuesto de la manía, pero no por eso es menos grave.
Donde antes había excitación, ahora hay agotamiento. Donde antes había palabra, ahora hay silencio. Donde antes había exceso, ahora hay vacío.
La depresión bipolar puede durar mucho. Semanas, meses, a veces un tiempo que para quien la sufre parece infinito.
Y aunque sea menos ruidosa que la manía, sus riesgos son enormes. El suicidio puede aparecer como una nube oscura sobre la persona deprimida, especialmente cuando hay desesperanza, aislamiento, culpa o sensación de no tener salida.
Si aparecen ideas de suicidio, no hay que dejar a la persona sola ni esperar a que “se le pase”. En España se puede llamar al 024, al 112 si hay riesgo inmediato, o acudir a urgencias.
Los familiares también sufren
Conviene reconocer otra cosa: convivir con el trastorno bipolar no es fácil para nadie.
Las personas cercanas pueden acabar agotadas, asustadas, enfadadas, desbordadas o culpables. A veces también necesitan ayuda psicológica. A veces no saben si están protegiendo, controlando, invadiendo o abandonando.
Y no siempre hay una respuesta clara.
Por eso es tan importante la psicoeducación. Que la persona diagnosticada conozca su enfermedad, sí. Pero también que la conozcan quienes conviven con ella. No para convertirse en psiquiatras caseros, sino para entender mejor qué está pasando y cómo actuar sin destruirse por el camino.
Amor, pastillas y algo de paciencia
Después de todo lo dicho, creo que una de las mejores formas de luchar contra el trastorno bipolar —además de contar con un buen psiquiatra y una medicación adecuada— es tener un núcleo cercano que comprenda, acompañe y aguante el tirón cuando toca aguantarlo.
No siempre será la familia. A veces serán amigos. A veces una pareja. A veces una asociación. A veces una sola persona que no se marcha cuando la cosa se pone fea.
El trastorno bipolar no se cura solo con amor. Ojalá. Las pastillas importan, y mucho. El tratamiento importa. El sueño importa. Los límites importan.
Pero el amor también importa.
No el amor cursi de postal, sino el amor práctico: el que pregunta, escucha, acompaña, insiste, pone límites, llama al médico si hace falta y no confunde a la persona con su peor episodio.
Así que sí: esta enfermedad se combate con medicación, tratamiento, información, rutinas y vigilancia.
Y también con amor.
Con amor y pastillas, si quieres decirlo de forma menos académica.
Pero sobre todo con la certeza de que nadie debería atravesar esto completamente solo.



21 respuestas
ayúdenme me siento solo con depresión y me quiero suicidar no aguanto vivir asi quiero dejar de respirar dejar este mundo siento que no valgo nada ya no tendré mas tiempos de felicidad gracias a mis problemas gracias a mi bipolaridad gracias a mis amigos gracias a la gente que nunca me escucho.
Buenas tardes, Santiago.
Quizás no sirva para mucho pero, como ves, al menos yo te escucho (y estoy seguro de que no soy el único) y créeme que si no te comprendo, al menos intento hacerlo con toda mi voluntad.
Es obvio que estás en un momento horrible e intuyo que no es la primera vez que pasas por una situación así. Siento tu dolor y empatizo contigo totalmente, estate seguro.
Pero me pides ayuda y quiero dártela de la mejor manera que sé. Déjame que te diga dos cosas qie creo que son imprescindibles: primero, que si no tienes un tratamiento para la depresión que te este funcionando (y no parece que lo tengas en este momento), vete a las Urgencias de Salud Mental o llama a tu psiquiatra esta misma tarde, no te lo pienses ni un minuto. De verdad. Tu sufrimiento es una urgencia, te lo aseguro. No le regales ni un día más a tu dolor.
La segunda cosa es que te grabes a fuego que saldrás de esto. No será fácil ni rápido pero saldrás, encontrarás fuerza y saldrás. Este confinamiento no es el mejor momento para disfrutar de la vida pero, precisamente por eso, puedes tomarte este tiempo de parón vital para cuidarte y curarte, para permitirte que tu cabeza vuelva lentamente a funcionar. Y recuerda que no estás solo, que jamás estarás solo, que siempre habrá alguien que te quiera y a quien le importes. La noche es oscura, pero amanecerá, no lo olvides, Santiago.
Un abrazo muy fuerte.
Carlos.
Quisiera tenerlos de amigos me siento solo en todo esto
Hola, Julián.
¿Qué puedo decirte? Claro que me tienes de amigo. Te aseguro que yo también sé lo que es sentirse solo con el TAB y lo que es perder amigos, parejas, trabajos… Pero también sé que hay vida más allá de esto y que lo que hay que hacer es tratar de ser más listo que la enfermedad para que esta no te pille desprevenido. A día de hoy, con tratamientos y terapias adecuados esto se puede conseguir, aunque es verdad que esa soledad de la que hablas no te la quita nadie. Escríbeme siempre que quieras y si te apetece coméntame tus dudas o las cosas que te inquieten. Seguro que entre los dos son más fáciles de resolver.
Un abrazo.
Carlos.
Yo también he perdido todos mis amigos, estoy intentando salir, pero todos mis errores me petsiguen cada dia, si no fiueta por mi marido y mis hijas me suicidaría.
Hola, Rosa.
La bipolaridad es una historia de sufrimiento y de pérdidas siempre. Si tienes a tu marido y a tus hijas ya tienes mucho sobre lo que construir, porque la familia siempre es el mejor apoyo. De todas formas, lo importante es que estés bien y que te cuides, porque si lo haces serás capaz de hacer nuevos amigos y de recuperar tu vida anterior. O, mejor aún, probablemente saldrás ganando, porque es evidente que los que decían que eran tus amigos resultaron no valer para mucho por lo visto.
Un abrazo muy fuerte, Rosa, y ¡ánimo!
Me llamo Martin. Me diagnosticaron en el 2004. Pero recién ahora estoy dándome cuenta de todo y COMO FUÍ DESTRUYENDO Y PERDIENDO TODO LO QUE TENIA. AMIGOS, FAMILIA, PAREJAS, HOGAR…estoy sin nada, sobreviviendo, subsistiendo, solo esperando que todo se acabe con mi muerte. Nunca me he sentido TAN SOLO.
Hola, Martín.
Qué triste es tu testimonio, aunque debo decirte que, por desgracia, me suena demasiado familiar. Esta enfermedad es tan cruel como dices y como decía yo en mi post. Pero no conseguimos nada lamiéndonos las heridas, es preciso luchar y seguir adelante. Sé perfectamente que lo que digo es muy difícil, que a veces se hace casi imposible, pero no hay otro camino.
Martín, yo lo que te sugiero es que no mires hacia atrás y no te regodees en lo que has perdido, sino que trates de recuperar lo que puedas (la familia suele ser recuperable, porque su amor suele ser incondicional, pero hay que buscarla con sinceridad, ya que a menudo están cansados de nosotros). Al mismo tiempo, sería bueno que trataras de estudiar tus posibilidades laborales, intentar buscar nuevos amigos o personas afines con las que puedas compartir alguna actividad, etc., y enfocaras tu visión hacia el futuro, porque aunque no te lo parezca, seguro que lo tienes. Créeme que si te lo propones saldrás de esta y vivirás una vida más que decente, pero insisto en que para conseguirlo tendrás que esforzarte. Para bien y para mal, depende de ti.
Déjame, por último, que te recuerde la importancia de la medicación, porque los fármacos adecuados podrán ayudarte a controlar el trastorno y hacer que estos sentimientos que ahora te embargan se atenúen y desaparezcan. Y si no lo tienes, busca un buen psiquiatra, estoy convencido de que obtendrás resultados positivos.
Ánimo, Martín, no dejes de luchar, te aseguro que, sea como sea tu vida, merece la pena vivirla. Y si miras bien, verás como no estás tan solo, ahí fuera hay personas que están esperándote.
¡Empuja más fuerte, Martín y no pares!
Un fuerte abrazo.
Hola…. Me llamo Vanessa…
No tengo la enfermedad pero tengo mi hermano menor que se la acaban de diagnosticar… Ha sido muy díficil ver los periodos de manía y luego de depresión y no saber qué hacer, y más cuando ambos somos médicos, acostumbrados a resolver las enfermedades de las personas (pero no en el ámbito de la salud mental). Todo lo que dices con respecto al núcleo familiar es cierto, y es muy duro ver desde fuera como se desmembra una familia por no saber lidiar con algo tan duro como esto.
Me pregunto si tendrás algún contacto directo para facilitarselo y que él vea que nos es el único que lo padece y que si se puede seguir adelante.
Esta yendo a terapia psicológica y está tomando medicamentos también.
De antemano te agradecería mucho
Hola, Vanessa.
Me dices que tu hermano y tú sois médicos.
Déjame que te pregunte: ¿Tu hermano no tiene una asistencia psiquiátrica adecuada? Ya sé que la pregunta es medio idiota, pero es que si no partimos de esa base no vamos a ninguna parte. Otra cosa es el tema de asumir psicológicamente el trastorno. En eso sí que os puedo ayudar.
No sé muy bien qué tipo de contacto me pides. Por mi parte te puedo brindar todo aquello que esté en mi mano, incluso si queréis conocerme a mí personalmente o comentar por teléfono o videoconferencia lo que deseéis.
Si quieres, escríbeme a carlos@yosoybipolar.com y me aclaras privadamente qué es lo que te gustaría conseguir. Si puedo, estaré encantado de ayudaros.
Gracias por tu comunicación, un abrazo muy fuerte y dile a tu hermano que hay vida más allá de esta enfermedad, te lo aseguro.
Hola
Yo con los años me siento más sola. Tú crees que te acostumbras a los insultos la poca empatía . Te aíslan somos un problema. Estoy cansadísima mi única compañía es mi perrito. Los demás se hacen los. Locos.
Incluso mi hermano mayor se suicido por ser bipolar. Aún ni tu propia familia se informa.
Te subestiman es gracioso a veces .
Hola, Gwendoline.
Cómo no comprenderte. La maldición de este trastorno, además de lo que podemos sufrir con las crisis, es precisamente el aislamiento que lleva aparejado, un aislamiento del que tenemos que intentar salir nosotros, porque de lo contrario nadie nos va a sacar. Es cierto que a veces, cuando estamos alterados, resultamos incómodos, somos molestos y hacemos cosas que en estado de eutimia no haríamos jamás. En las fases más o menos agudas de la enfermedad a menudo nos enemistamos con la familia, discutimos con los amigos —a los que dejamos o nos dejan de lado—, abandonamos o nos abandonan nuestras parejas… De repente, casi sin darnos cuenta , nuestra vida se derrumba y nos resulta superdifícil volver a ponerla en pie.
¿Hay alguna salida a esto? Yo creo que sí la hay pero, como te decía, la tenemos que poner nosotros. Debemos esforzarnos por recuperar el terreno perdido (aunque hay «terrenos» que no volveremos a recuperar jamás) y luchar por salir adelante y retomar relaciones, trabajos y, en general, nuestra vida. Ya sé que es difícil. Si te lo digo es porque lo he experimentado en carne propia. Pero también sé que se puede. Conozco a muchos bipolares que han rehecho sus vidas de manera bastante satisfactoria y hoy día viven una vida de calidad. Pero también los he conocido que se han suicidado. ¿La diferencia? Creo que es la voluntad y esa autoconfianza que muchas veces perdemos y que nos hace abandonar la esperanza. Porque, insisto una vez más, nadie va a venir a rescatarnos.
Un abrazo, Gwendoline.
Hola! Soy la parte que está al otro lado, la que es abandonada por el hombre bipolar, y que a pesar de que él no deja que me acerque físicamente, sí que quiere esté ahí en el WhatsApp o en el teléfono, o escribiéndole lo que sea. Me pide que nunca deje de escribirle. Me dice que no para de pensar en mí y que me quiere, y no deja que me acerque. Y así llevamos un año. Hace dos meses acabé agotada de todo esto. Vino a verme por mi cumpleaños y se hizo 600 km solo para comer conmigo, vivimos a 300kms de distancia.
Estuvimos un año juntos, que supongo coincidió con su subidona, y voló tan alto que lleva un año sintiéndose mal. Antes no dormía y era el alma de la fiesta, ahora todo lo contrario ¿que os voy a contar que no sepáis?
Sé que es bipolar porque soy psicopedagoga y coincide con un tipo II, aunque jamás me lo ha confesado y no me permite hablar del tema.
El amor me cegó y pensaba era hiperactivo. También llegué a pensar era TDAH porque no éramos capaces de terminar las conversaciones. Tras el abandono pensé que tenía un trastorno histriónico, pero ya no me cabe duda de que es bipolar. Tan pronto me canta una canción de amor como me grita y me desprecia. Tiene delirios de grandeza o todo lo contrario. Gasta y regala de manera compulsiva o no gasta nada. Y le gusta mucho muchísimo el vino. Me quiere y me echa de menos pero quiere estar solo. He tirado la toalla y me siento mal por ello. Pero, si no quiere que le ayude… ¿que más puedo hacer?
Hola, María.
Lamento mucho escuchar que estás pasando por esta experiencia tan desafiante. Es innegable que estar en una relación con alguien que tiene trastorno bipolar puede ser extremadamente complicado y emocionalmente agotador.
Tu deseo de ayudar y apoyar a tu pareja es loable, pero es fundamental recordar que, en última instancia, cada individuo es responsable de su propia salud mental y bienestar. No puedes forzar a alguien a aceptar ayuda o tratamiento si no lo desea. Es una situación compleja, ya que, a veces, las personas con trastorno bipolar pueden resistirse a buscar tratamiento debido a la naturaleza misma de la enfermedad.
No sé si podré aportarte alguna idea nueva, puesto que tú ya conoces bastante bien el problema, pero estas son mis sugerencias:
– Es importante establecer límites claros en tu relación para proteger tu propia salud emocional. Debes cuidarte a ti misma y priorizar tu bienestar.
– Fomenta la comunicación: Aunque tu pareja no quiera hablar del tema, puedes intentar fomentar la comunicación abierta y compasiva sobre cómo te sientes y cómo la relación te afecta.
– Busca apoyo siempre: Habla con amigos, familiares o un terapeuta sobre lo que estás experimentando. Obtener apoyo emocional es esencial.
– Asegúrate de cuidarte a ti misma. La relación puede ser agotadora, y debes priorizar tu propia salud mental.
– Por último, y aunque te resulte doloroso, acepta tus límites: A veces, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, no podemos cambiar la situación de una persona si no está dispuesta a buscar ayuda. Es importante recordar que no eres responsable de su decisión, aunque siempre puedes continuar educándote sobre el trastorno bipolar y sus efectos. Cuanto más entiendas, mejor podrás comprender su comportamiento y manejar la situación.
No puedo evitar insistirte en que si sientes que has llegado a un punto en el que has agotado todas las opciones, toma las decisiones que sean saludables y seguras para ti misma. No debes sentirte culpable por priorizar tu bienestar emocional.
Si necesitas más apoyo o crees que puedo seguir ayudándote, no dudes en preguntar. Estoy aquí para echarte una mano en todo lo que pueda. ¡Cuídate mucho!
La soledad, los reproches, las adicciones y la montaña rusa que es nuestra vida.
En efecto, Norman, en eso se puede convertir nuestra existencia si nos dejamos.
Por ello hay que luchar, no dejarse llevar por las circunstancias y construir nosotros nuestra vida, a menudo desde cero.
Pero hay esperanza, Norman, no tires la toalla. Los tratamientos nos pueden ayudar mucho y nunca falta una persona cercana que nos pueda echar un cable aunque el resto del mundo nos dé la espalda.
Ánimo, Norman.
Hace 12 años fui diagnosticada y no logro superar la etapa de negación, he discutido con los medicos para que me cambien el diagnostico porque me averguenza que eso esté en mi historia clinica. Se que soy diferente, a veces siento que siento demasiado y cuando me emociono soy muy feliz pero basta solo un pensamiento negativo para ya no querer seguir. Me fui de mi pais y dejé todo atras para que nadie sepa lo que estoy viviendo pero es dificil. He tenido que buscar ayuda varias veces de urgencia con ataques de pánico y aunque me han preguntado sobre ese trastorno lo he negado siempre. Ahora mismo estoy muy sola. Las personas que hacian parte de mi circulo social en mi trabajo me han lastimado intencionalmente, decidí no volver por miedo al daño que me hicieron y puedan hacerme. He decidido estar sola para no enfrentar el rechazo ni las burlas y ofensas de nadie pero me pesa saber que no tengo ni aun alguien con quien hablar de esto y hoy en especial ha sido dificil, no se cómo buscar ayuda si ni siquiera puedo ni quiero aceptar esta enfermedad. No quiero que lo sepan, tengo mucho miedo
Hola, Caro.
Es difícil y doloroso vivir con un diagnóstico que no se acepta, especialmente cuando este está rodeado de vergüenza y miedo al juicio de los demás. El proceso de aceptación es un paso crucial en cualquier tipo de transformación personal, pero es importante recordar que este proceso no es lineal ni inmediato. Y aunque puede parecer abrumador, dar un paso pequeño y consciente hacia la aceptación de tu situación es el primer paso hacia la sanación y el autoconocimiento.
Te diría que lo primero es permitirte sentir sin juzgarte. Es completamente natural tener emociones intensas y contradictorias, especialmente cuando te enfrentas a algo que no entiendes completamente o que no deseas aceptar. La bipolaridad, como cualquier otro trastorno, no te define como persona; es solo una parte de ti, y entenderlo así puede ser liberador. Reconocer que no eres solo «tu enfermedad» te permite empezar a construir un camino donde puedas integrar esa parte de ti, sin que sea lo único que marque tu vida.
En cuanto a la vergüenza y el miedo al rechazo, es importante cuestionar esas creencias. A veces, el temor de lo que los demás piensan o la imagen que proyectamos ante los demás nos puede paralizar. Pero hay que recordar que la salud mental es tan importante como cualquier otro aspecto de nuestra salud. Hablar de lo que estamos viviendo no es mostrar debilidad, sino mostrar valentía. No tienes que hacerlo de inmediato, ni con todo el mundo. Pero sí puedes empezar a trabajar en construir una red de apoyo pequeña, quizás en un entorno donde te sientas más segura.
En este momento, en el que te sientes sola, puede ser útil buscar una comunidad o un profesional con quien te sientas cómoda, incluso si eso comienza con pasos pequeños. La ayuda profesional puede ser un gran soporte, no solo para entender tu diagnóstico, sino también para explorar las herramientas que te permitan gestionar las emociones y los pensamientos que experimentas. Quizás comenzar con un terapeuta que entienda bien lo que vives y que te ayude a transitar ese proceso de aceptación y gestión de tu salud mental pueda ser un buen primer paso.
Recuerda que no estás sola, aunque ahora te sientas aislada. Hay muchas personas que entienden lo que estás pasando y pueden acompañarte en este proceso. La soledad puede ser muy pesada, pero en momentos así, saber que hay alguien dispuesto a escuchar y acompañar puede marcar una gran diferencia. No tienes que enfrentar todo esto sola. Aceptar que necesitas ayuda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza.
Tómate el tiempo que necesites, pero empieza a dar esos pequeños pasos hacia la aceptación, hacia la comprensión de ti misma, y hacia la creación de una vida que te haga sentir en paz, independientemente de lo que los demás piensen.
Saludos y ¡mucho ánimo!, Caro.
Hola a todos,
Después de cuatro años de infierno para mí y mi familia desde que me diagnosticaron bipolaridad a los 55 años,y dos intentos de suicidio,ahora gracias al amor de mi mujer,mi familia ,las personas que me quieren, la medicación, una buena psicóloga y mi psiquiatra,he salido del túnel y me lanzo a la vida con mucha ilusión,los bipolares podemos tener una vida normal,si no cuidamos y nos dejamos ayudar.
Salut
¡¡¡Olé, olé y olé!!!
Me has hecho un gran regalo de Navidad: ayudarme a convencer a otros de lo que tú dices. Que con atención, medicación y amor se puede transitar por ese túnel que es la bipolaridad.
Bienvenido a tu nueva vida y ¡¡¡Enhorabuena!!!