Ya he dicho otras veces que no soy médico y que no pretendo sustituir a un psiquiatra. Con la medicación del trastorno bipolar conviene ser especialmente prudente, porque aquí no estamos hablando de tomar una aspirina para un dolor de cabeza.
Dicho esto, entiendo perfectamente que cuando uno recibe el diagnóstico se sienta perdido. De pronto aparecen palabras nuevas: litio, antipsicóticos, estabilizadores del ánimo, antidepresivos, benzodiazepinas, niveles en sangre, efectos secundarios, ajustes de dosis. Y uno piensa: “Muy bien, ¿y ahora qué demonios me estoy tomando?”.
Esta entrada no es una guía para elegir medicación. Eso debe hacerlo tu psiquiatra. Pero sí puede servir para orientarte un poco y entender qué papel suelen tener los distintos grupos de fármacos en el tratamiento del trastorno bipolar.
No hay una pastilla única para todos
Una de las primeras cosas que hay que aceptar es que no existe “la pastilla del trastorno bipolar”.
Hay personas que responden muy bien al litio. Otras necesitan antipsicóticos. Otras toman anticonvulsivos con efecto estabilizador. Otras necesitan combinaciones. Algunas requieren medicación para dormir o para controlar la ansiedad durante una etapa concreta. Y otras tardan bastante en encontrar una pauta que funcione.
Esto puede resultar desesperante, porque uno quisiera que el médico acertara a la primera. Pero la psiquiatría no funciona siempre así. A veces hay que ajustar dosis, cambiar fármacos, vigilar efectos secundarios y observar durante semanas o meses cómo responde cada persona.
¿Te puedes sentir como una cobaya? Un poco, sí. Pero no porque tu psiquiatra esté jugando contigo, sino porque todavía no disponemos de una forma infalible de saber por adelantado cuál será el tratamiento perfecto para cada paciente.
Los grandes grupos de medicamentos
De forma muy general, los medicamentos usados en el trastorno bipolar pueden agruparse así:
- estabilizadores del ánimo;
- antipsicóticos;
- antidepresivos, con mucha prudencia;
- benzodiazepinas u otros fármacos para ansiedad o sueño, normalmente como apoyo;
- otros tratamientos en situaciones concretas.
No todos sirven para lo mismo. Algunos se usan más en fases maníacas. Otros ayudan a prevenir recaídas. Otros pueden tener sentido en depresión bipolar. Y algunos no tratan el trastorno bipolar en sí, pero ayudan a manejar síntomas asociados como insomnio o ansiedad.
Estabilizadores del ánimo
Los estabilizadores del ánimo son, para muchas personas, la columna vertebral del tratamiento.
Su objetivo no es “ponerte contento” ni “apagarte”, sino reducir la probabilidad de recaídas y ayudar a que el ánimo no se vaya violentamente hacia arriba o hacia abajo.
El más conocido es el litio. Es un medicamento clásico, con mucha historia y todavía muy importante en el trastorno bipolar. Puede ayudar a prevenir episodios maníacos y depresivos, y también se ha asociado a una reducción del riesgo suicida en personas con trastornos del ánimo.
Pero el litio exige respeto. No es una vitamina. Requiere controles médicos, análisis de sangre y vigilancia de posibles efectos sobre riñón, tiroides y otros aspectos de la salud. Bien usado puede ser muy eficaz; mal controlado puede dar problemas serios.
También se usan otros fármacos con efecto estabilizador, muchos de ellos procedentes del campo de la epilepsia, como valproato, carbamazepina o lamotrigina. No todos tienen el mismo perfil: unos se utilizan más para prevenir o tratar manía, otros pueden tener más papel en la depresión bipolar o en la prevención de recaídas depresivas.
En mujeres embarazadas, con posibilidad de embarazo o en edad fértil, algunos de estos medicamentos requieren una valoración especialmente cuidadosa por sus riesgos. Esto no se decide leyendo un blog, sino hablando claramente con el psiquiatra.
Antipsicóticos
Los antipsicóticos pueden sonar de entrada muy fuertes, incluso intimidantes. A nadie le hace ilusión que le receten algo con ese nombre. Pero en el trastorno bipolar son medicamentos muy utilizados, no solo cuando hay psicosis, sino también para tratar manía, hipomanía intensa, agitación, insomnio grave o algunos cuadros depresivos bipolares.
Entre los antipsicóticos actuales se encuentran fármacos como quetiapina, olanzapina, risperidona, aripiprazol, ziprasidona, lurasidona o cariprazina, entre otros. No todos están indicados para lo mismo ni se usan igual en todos los países.
En una fase maníaca, un antipsicótico puede ser fundamental para bajar la activación, reducir la pérdida de contacto con la realidad, mejorar el sueño y evitar que la situación siga creciendo hasta convertirse en una catástrofe.
Ahora bien, también pueden tener efectos secundarios: somnolencia, aumento de peso, alteraciones metabólicas, rigidez, inquietud, efectos sexuales, cambios en glucosa o colesterol, entre otros. No se trata de asustarse, sino de vigilarlo. Un buen tratamiento no consiste solo en frenar el episodio, sino en conseguir que la persona pueda vivir razonablemente bien con la medicación.
Antidepresivos: cuidado con ellos
Los antidepresivos merecen un capítulo aparte.
En la depresión unipolar pueden ser un tratamiento habitual. Pero en el trastorno bipolar la cosa es más delicada. Un antidepresivo mal indicado, o usado sin estabilizador del ánimo cuando no corresponde, puede favorecer una subida, una hipomanía, una manía o ciclos más rápidos.
Esto no significa que los antidepresivos estén prohibidos siempre en el trastorno bipolar. Hay pacientes que los toman y les van bien. Pero no deberían usarse a la ligera, y desde luego no conviene tomarlos por cuenta propia ni mantenerlos sin revisión cuando hay dudas.
En depresión bipolar, el psiquiatra suele valorar primero el conjunto: tipo de trastorno bipolar, antecedentes de viraje, episodios mixtos, gravedad de la depresión, medicación de base, riesgo suicida, sueño, ansiedad y respuesta a tratamientos previos.
Dicho de manera sencilla: en bipolaridad, un antidepresivo no es una pastilla inocente para “subir el ánimo”. Puede ayudar, pero también puede complicar las cosas.
Benzodiazepinas y medicación para dormir
Las benzodiazepinas, como lorazepam, diazepam, alprazolam, clonazepam o bromazepam, no son propiamente el tratamiento del trastorno bipolar. Pero se usan con frecuencia como apoyo para ansiedad, agitación o insomnio.
En una persona con trastorno bipolar, dormir puede ser casi un asunto de seguridad. Si el sueño se rompe, especialmente si se duerme poco y aun así uno se siente lleno de energía, conviene encender las alarmas.
Por eso a veces se pautan fármacos para ayudar a dormir o reducir la activación. Pero también aquí hay que tener cuidado: las benzodiazepinas pueden producir dependencia, tolerancia, somnolencia, problemas de memoria y caídas, especialmente si se usan mal o durante demasiado tiempo.
No son caramelos. Pueden ser útiles, pero deben tener una función clara y una supervisión médica.
La combinación importa
Muchas personas con trastorno bipolar toman más de un medicamento. Esto no significa necesariamente que estén “peor”, sino que la enfermedad puede requerir actuar sobre varios frentes.
Un estabilizador puede ayudar a prevenir recaídas. Un antipsicótico puede controlar una fase maníaca o una depresión bipolar concreta. Un ansiolítico puede ser temporalmente útil para dormir o bajar la ansiedad. Y en algunos casos se añade un antidepresivo con vigilancia estrecha.
La clave está en que la combinación tenga sentido.
Tomar muchos fármacos sin saber por qué puede ser un problema. Pero tomar varios fármacos bien indicados puede ser justo lo que permite mantenerse estable.
No abandones la medicación por tu cuenta
Este punto es tan importante que habría que escribirlo en la nevera:
No dejes la medicación por tu cuenta.
Uno de los errores más frecuentes en el trastorno bipolar es encontrarse bien y concluir que ya no hace falta tratamiento. Pero muchas veces uno está bien precisamente porque el tratamiento está funcionando.
También puede ocurrir lo contrario: que la medicación siente mal, que dé sueño, que engorde, que quite deseo sexual, que embote, que moleste, que uno se harte. Lo entiendo. No hay que negar los efectos secundarios ni pedir a nadie que los aguante heroicamente en silencio.
Pero la salida no debería ser suspenderlo todo de golpe, sino hablar con el psiquiatra. Ajustar dosis, cambiar horarios, sustituir fármacos o buscar alternativas puede ser posible. Lo que no suele ser buena idea es montar un golpe de Estado químico en el cerebro sin avisar a nadie.
Efectos secundarios: ni pánico ni ingenuidad
Todos los medicamentos pueden tener efectos secundarios. Los del trastorno bipolar no son una excepción.
Algunos efectos son molestos pero manejables. Otros requieren controles. Algunos obligan a cambiar de medicación. Por eso conviene hablar con claridad de peso, sueño, temblores, libido, concentración, estreñimiento, inquietud, analíticas, problemas hormonales o cualquier cambio que aparezca.
No hay que vivir aterrorizado por el prospecto. Si uno lee todos los efectos posibles de cualquier medicamento, acaba pensando que una pastilla es una ruleta rusa con envase de cartón.
Pero tampoco hay que ser ingenuo. La medicación debe revisarse, seguirse y ajustarse. La buena psiquiatría no consiste solo en recetar, sino en acompañar el tratamiento y escuchar cómo vive el paciente lo que toma.
La medicación no lo es todo, pero suele ser la base
El tratamiento del trastorno bipolar no debería reducirse a pastillas. También importan el sueño, la rutina, la psicoeducación, la terapia, el apoyo familiar, la reducción del estrés, evitar alcohol y drogas, reconocer señales tempranas y aprender a pedir ayuda.
Pero sería peligroso vender la idea de que todo eso sustituye a la medicación.
En el trastorno bipolar, especialmente en el tipo I, la medicación suele ser una parte central del tratamiento. Puede no resolver todos los problemas de la vida, pero puede evitar algunos de los peores.
Y eso no es poco.
Colaborar con el psiquiatra
El psiquiatra no puede ayudarte bien si no le cuentas la verdad.
Si no tomas la medicación, dilo. Si bebes, dilo. Si consumes cannabis, dilo. Si duermes cuatro horas, dilo. Si estás comprando compulsivamente, dilo. Si tienes pensamientos suicidas, dilo. Si un medicamento te está dejando sexualmente muerto, dilo también, aunque dé vergüenza.
La consulta no es un examen de buen comportamiento. Es el sitio donde hay que llevar la información real para poder tomar decisiones reales.
Una idea final
Yo no puedo decirte qué medicamento necesitas. Nadie debería hacerlo desde una entrada de blog.
Lo que sí puedo decirte es esto: la medicación del trastorno bipolar puede ser incómoda, pesada y a veces frustrante, pero también puede ser la diferencia entre una vida relativamente estable y una sucesión de incendios.
No idealicemos las pastillas. No son magia.
Pero tampoco las despreciemos.
A veces, una vida normal empieza precisamente por aceptar que necesitamos ayuda química para mantenernos dentro de unos márgenes razonables. Y eso no nos hace más débiles. Nos hace, simplemente, pacientes que han aprendido a tomarse en serio su enfermedad.



7 respuestas
A mí nunca me dieron litio, qué raro. Me recetaron un estabilizador del ánimo que es fabuloso. Lamotrigina
Hola, Mariel.
A ver, trataré de darte una contestación sencilla.
Primero, debo decirte que la lamotrigina es un medicamento muy reciente, por lo cual su uso no se puede calificar de generalizado.
Pero, por otra parte, tal y como yo lo entiendo —y aquí, por favor, admito todas las correcciones profesionales del mundo—, no se trata propiamente de un estabilizador del estado de ánimo, como serían el litio o el ácido valproico, sino de un anticonvulsivo que ha demostrado su eficacia en la prevención y en el tratamiento de la depresión bipolar. Sería, por tanto, un medicamento de uso más restringido que los estabilizadores de ánimo y para un tipo de pacientes con una patología definida, puesto que no parece, por ejemplo, que sirva para tratar las hipomanías o prever la parte más «florida» de trastorno cuando esta existe.
Creo que el tema va por ahí. Enhorabuena, Mariel, veo que tienes un buen psiquiatra, por lo menos se molesta…
Hola Carlos,
Por lo que he podido leer veo que acertaron con tu medicación, te quería preguntar, si no te importa, que medicamentos estás tomando.
Yo tengo 29 años y hace 2 años que me diagnosticaron de TAB tipo 1, aunque llevo sufriéndola desde los 19.
He probado con depakine pero no me funcionó y me han cambiado este año al litio junto con lamotrigina sin embargo no termino de encontrarme bien, sigo teniendo depresión, aunque no es tan fuerte como las anteriores, lo único bueno es que este verano, al menos no tuve hipomania. Ya se que no eres médico, pero me gustaría saber tu opinión sobre los medicamentos y como dieron con el tuyo y saber que es lo que estás tomando que te va bien y puedes tener una vida normal(aunque ya sé que cada cuerpo es un mundo y no a todos les funciona lo mismo). Estoy cansada ya de no poder tener una vida normal y seguir perdiendo años de mi vida.
Muchas gracias.
Hola Carlos,
Me llamo Asun, llevo varios días visitando tu blog y por lo que he visto llevas genial la enfermedad, lo que me alegra mucho.
Yo estoy diagnosticada de TAB tipo 1 desde hace 2 años,a pesar de sufrila desde los 19 (10 años). Estoy frustrada porque no me están ayudando los medicamentos, he probado con depakine y nada,ahora estoy con litio y lamotrigina,que me van mejor pero sigo teniendo depresiones que no me dejan llevar una vida normal…por lo que estoy frustrada y harta ya de luchar y perder años y años..
Me gustaría saber qué tal te fue a ti y como fue el proceso hasta que te funcionó la medicacion,si tardó en hacerte enfecto.. y si quieres, decir cuál estás tomando actualmente.
Muchas gracias por tener este blog que ayuda a tantas personas como nosotros.
Hola, Asun.
Te respondo aquí a tus dos comentarios, yo creo que pretenden ser el mismo, ¿no?
Lamentablemente, no puedo contestarte como me gustaría. No quiero «jugar» a intercambiar medicaciones contigo por lo que tú misma dices: «que cada cuerpo es un mundo y no a todos les funciona lo mismo». Por eso no te recomiendo que pienses en ese sentido. Tú y yo somos diferentes (no mejores ni peores, claro) y necesitamos tratamientos independientes y especializados. No es como si uno pregunta a otro que si el ibuprofeno le va bien. Las medicaciones psiquiátricas tienen muchos matices, su aplicación puede ser distinta según las dosis y los efectos en cada uno pueden ser diferentes e incluso contrapuestos.
Yo sé que soy un plomo con este tema, pero créeme que lo fundamental es que busques un buen psiquiatra, que es el que verdaderamente te puede hacer un plan de medicación adecuado. Todo el tiempo y los esfuerzos que inviertas en buscar a ese psiquiatra estarán bien invertidos, te lo aseguro. La razón es muy sencilla: vas a mantener la relación con este profesional durante una gran parte de tu vida y es él quién debe conocerte en este sentido para poder tratarte e ir variando la medicación según tus circunstancias, ya que es posible que a lo largo de los años y según estas puedas necesitar antipsicóticos, estabilizadores del ánimo, antidepresivos, somníferos… En todo caso, te recomiendo que tengas paciencia, porque a veces no es fácil ver qué medicación es la adecuada. Pero estate atenta a las pruebas que vayas haciendo, a si hay progresos o no, a si encuentras síntomas negativos… Cuanta más información le puedas dar a tu psiquiatra, mejor podrá medicarte.
Pero no, Asun, no «acertaron» conmigo como dices. En mi historia hay muchos fallos de por medio e incluso tuve que cambiar de psiquiatra después de llevar veintiocho años (¡veintiocho!) con él, porque tuvo un fallo tan garrafal de diagnóstico que acabé en un ingreso hospitalario por su falta de visión.
Por último, quiero comentarte que eso que dices de que «lo llevo genial» es más o menos verdad, pero no porque no me pasen cosas y mi enfermedad sea una balsa de aceite. En ese sentido, yo soy como tú, Asun, y estoy sometido a los mismos vaivenes. Esta enfermedad es puñetera, muy puñetera y hay que estar al loro con ella mañana, tarde y noche. Pero no estoy dispuesto a que me amargue la vida. De hecho, el título de este blog: «Yo soy bipolar» no me gusta (lo que pasa es que es llamativo y por eso lo puse), pero yo en realidad NO SOY bipolar, sino que TENGO un trastorno bipolar. No es lo mismo SUFRIR un trastorno que SER un trastorno y, desde luego, yo no soy un trastorno ambulante, faltaría más. Bromas aparte, no estoy dispuesto a que la enfermedad se apodere de mí y me suplante. Somos mucho más, Asun. Nuestra vida es muy importante y tenemos tantas cosas por hacer (tú incluso más que yo, porque eres más joven), que no estoy dispuesto a entregarle mi existencia a la autocompasión. Valemos un montón y somos unas personas estupendas, tanto que ni esta cosa puede ni podrá nunca con nosotros.
Ánimo, Asun. Un beso muy, muy, fuerte.
hola que tal espero estén bien , yo desde los 13 años más o menos descubrí que padecía de algo que hasta entonces creía que sera normal hasta el lapso de dos o tres años tuve un intento de suicidio el cual fue fallido ,poco a poco mi enfermedad fue en aumento al grado de tener psicosis fuera de lo normal en una ocasión actúe como un enfermo mental tal cual hoy en día descubrí leyendo de que se trata la enfermedad por lo cual are caso cuanto antes, de tratar ir con un psicólogo o una persona experta, porque si es difícil vivir con una enfermedad así no se es normal una lucha día con día entre tu y tu .
Hola, Gabino.
Aprecio que compartas tu experiencia y tus pensamientos aquí. Es valiente hablar abierta y honestamente sobre lo que has estado enfrentando. Es un gran paso reconocer que necesitas ayuda y que estás considerando buscar apoyo profesional. El trastorno bipolar puede ser un desafío significativo, y el hecho de que estés dispuesto a buscar la ayuda de un psicólogo o un profesional experto es un paso importante hacia la gestión de tu salud mental. No estás solo en esto, y hay recursos y personas dispuestas a apoyarte en tu camino hacia la estabilidad emocional. Es fundamental seguir adelante con tu decisión de buscar ayuda, ya que la atención adecuada y el apoyo pueden marcar una gran diferencia en tu calidad de vida. A medida que busques orientación, encontrarás estrategias para lidiar con los síntomas y aprenderás a vivir de manera más saludable.
Recuerda que la comunidad está aquí para apoyarte en tu viaje, y siempre es un signo de fortaleza pedir ayuda. Tómate tu tiempo, mantén una mentalidad abierta y busca el apoyo que necesitas para tu bienestar emocional. Si alguna vez necesitas información adicional o consejos sobre cómo buscar ayuda, no dudes en preguntar. Estoy aquí para ayudarte en todo lo que pueda. ¡Mucho ánimo en tu camino hacia la recuperación!