«Todo cambió ese día. Nada fue igual a partir de entonces, aunque en ese momento para nada era consciente de la trascendencia de lo que estaba viviendo».
Parece el comienzo de una novela de aventuras —y en realidad, podría serlo—, si no fuera porque lo que sigue es más bien un relato de desventuras, cuyo título bien podría ser «Cómo arruinarse la vida». ¿De qué estoy hablando? Pues de la narración de un enfermo psicótico real (aunque él no se considera tal, como por otra parte es lógico) sobre lo que pretende ser un «viaje espiritual», y no es otra cosa que la inmersión suicida en su enfermedad, confundiendo la «iluminación» con un estado de enajenación mental.