
Querido bipolar: ¿quieres mejorar tu vida?
Me acuerdo de que cuando comencé mi blog escribí esta frase:
«Estoy hasta el gorro del trastorno bipolar»
… y estoy convencido de que tú sientes lo mismo que yo.

Me acuerdo de que cuando comencé mi blog escribí esta frase:
«Estoy hasta el gorro del trastorno bipolar»
… y estoy convencido de que tú sientes lo mismo que yo.

Últimamente he estado pensando en ello y, la verdad, los números me parecen tan escandalosos que me cuesta asimilarlos. Ya sé que lo digo en la presentación de esta página y además mis datos provienen de varias fuentes que estimo razonablemente fiables, pero ¿realmente hay un millón de personas afectadas por el trastorno bipolar en España? Resulta difícil de creer. Somos casi tantos como un partido político y, desde luego, como un ejército, aunque en la práctica lo que somos más bien es una especie de epidemia silenciosa.

Últimamente está de moda decir de un determinado individuo que es (o que se define a sí mismo como) bipolar. La cosa es que la palabrita ha pasado al lenguaje común sin que la mayoría de la gente conozca su significado, del mismo modo que ha ocurrido con otros términos psiquiátricos como «esquizofrénico», «neurótico» o «paranoico».

puede acelerar la aparición de enfermedades psicóticas, entre las que se encuentran la esquizofrenia y, cómo no, el trastorno bipolar.

Creo firmemente que los bipolares somos, en el mejor de los sentidos, personas como las demás, es decir, (casi) normales —y digo «casi» porque el que se considere normal que tire la primera piedra—. Y no es que quiera creerlo —que, lógicamente, quiero— sino que los hechos me hacen pensar que realmente lo somos.

No es mi intención hablar de temas médicos, porque no soy un profesional y temo decir tonterías o meter la pata, lo que podría llegar a despistar a alguien y conducirlo a autodiagnosticarse erróneamente, algo sin duda muy perjudicial.

Dejemos las cosas claras: por si alguien todavía lo duda, sufrir un trastorno bipolar es una mierda frita. Cualquiera que lo padezca lo sabe. Y es que maldita la gracia que tiene estar bien, de repente hacer locuras un tiempo y terminar deprimido durante una temporada más larga aún. Tiene mandanga la cosa.

Hace unos días me llegó a mi mail una invitación de una chica para que leyera un libro que había escrito y, si era posible, lo reseñara en esta página. Le dije que me enviara el libro, que lo leería y que, si lo consideraba interesante, lo reseñaría.

«Todo cambió ese día. Nada fue igual a partir de entonces, aunque en ese momento para nada era consciente de la trascendencia de lo que estaba viviendo».
Parece el comienzo de una novela de aventuras —y en realidad, podría serlo—, si no fuera porque lo que sigue es más bien un relato de desventuras, cuyo título bien podría ser «Cómo arruinarse la vida». ¿De qué estoy hablando? Pues de la narración de un enfermo psicótico real (aunque él no se considera tal, como por otra parte es lógico) sobre lo que pretende ser un «viaje espiritual», y no es otra cosa que la inmersión suicida en su enfermedad, confundiendo la «iluminación» con un estado de enajenación mental.

Dicho de manera simple, la causa directa del TAB bipolar o Trastorno Afectivo Bipolar es un desequilibrio químico que se origina en el cerebro. Su tratamiento principal, por tanto, no puede llevarse a cabo mediante psicoterapia, puesto que la solución es totalmente química. Puede que haya actitudes que corregir, pero lo que hay sobre todo son medicamentos que ingerir. Es muy importante tener en cuenta esto. Si bien la psicoterapia puede ser conveniente como tratamiento coadyuvante en los pacientes bipolares, en absoluto sirve por sí misma para generar la curación.